La chola no se aguanta las ganas. Apenas el loco la recuesta en la cama arranca a quejarse, bien rico, sin importar si los vecinos escuchan. Van a mitad de la ropa todavía, ella con la blusa abierta y él sin paciencia ninguna.
Él la pone de a cuatro y ahí se oyen los gemidos de verdad, ya sin disimulo. Cada empujón le saca una queja más larga y la tipa agarra las sábanas con las dos manos, que ya están hechas un desastre. Le pide más duro y él obedece sin decir palabra.
Grabado en la misma cama de siempre, de esos videos de mujeres de trinidad que se pasan de mano en mano. Un rato después ella se sube encima y marca el ritmo, lenta, mirándolo de frente. El colchón rechina contra la base y en la pieza ya no se oye otra cosa.
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