La rubia no llega ni a la pieza, alcanza la cocina. Uno de los changos ya anda sin camisa apoyado en la barra y ella apenas trae una musculosa y un short que no cubre mucho. Se agacha y se la chupa despacio, sin apuro, mientras el otro mira desde el costado con la taza en la mano. La cafetera sigue encendida de fondo y nadie la apaga.
Después la suben a la mesa y ahí se acabó el juego. Uno se la mete de frente mientras ella le trabaja el pito al otro de boca, aguantando las dos cosas a la vez, apenas se queja. De las chicas de trinidad que graban donde les agarran las ganas. Al final se baja de la mesa con las piernas flojas, se acomoda la musculosa y el de la taza recién suelta una risa.
También te puede gustar:





