Así empiezan las cosas con estas chicas de trinidad: dos mozas sentadas en un banco de una plaza, de jeans y conversando con la cámara, riéndose de todo. Parece entrevista de esas, hasta que la morena tira la primera y acepta ir a la pieza. El parque se ve verde de fondo y una moto pasa lejana mientras hablan. La otra dubita un poco, pero al final ninguna se quiere quedar fuera.
Ya en el cuarto el cuento cambia: se sacan la ropa sin ceremonia, una se pone de a cuatro y el loco le mete sin apuro mientras la otra mira desde la cama, tocándose. Después se turnan, una de boca y la otra montando, con las dos quejándose a la vez y la pieza hecha un desorden de ropa por el suelo. Cuando él ya no da más, se acaba en las tetotas de la primera y la segunda se acerca y lo limpia con la lengua. Las mozas se ríen y piden agua.
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