La moza tiene unas chichis que no se quedan quietas ni con la blusa puesta. Apenas el loco la acuesta ya va directo a ellas, una en cada mano, mientras ella le abre las piernas sin ningún misterio. En la mesa de noche hay un vaso con gaseosa a medio tomar que nadie mira en toda la escena.
Se monta encima y ahí bailan a su ritmo, adelante y atrás, mientras se muerde el labio. Él le agarra el poto con las dos manos y le marca el paso, más rápido cuando la escucha quejarse más bajo. El celular sigue grabando desde la silla de la esquina, donde va a quedar otro porno bolivia más.
Paran un rato para cambiar de posición y quedan los dos riéndose de nada. Al último ella se tira de lado y él se queda pegado a su espalda, todavía adentro.
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