La tipa se sube encima y no pierde tiempo en preámbulos. Cabalga despacio al principio, mirándolo de frente, y después encuentra su propio ritmo. Las sábanas ya están hechas un desastre y a nadie le importa acomodarlas.
Acá nadie dirige nada, es porno boliviano casero nomás. La moza se agarra de la cabecera de la cama, se muerde el labio y acelera. Gime bajito, como si no quisiera que se escuche fuera de la pieza. El che la sujeta de la cintura y la deja hacer.
Cuando se viene no avisa: aprieta los dientes y apura el movimiento. Él todavía la tiene agarrada cuando la escena corta.
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