La moza anda por la cocina con la lencería puesta mientras la cena se enfría en la olla. Se agacha frente al che y se la empieza a mamar mirándolo de reojo. Nada de estudio, solo el celular apoyado en el mesón grabando el porno boliviano casero de siempre.
Él la levanta, la sube al mesón y se la mete de a poco. La tipa se queja bajito para que no se escuche en el resto de la casa. Suena la tele en otro cuarto y ninguno de los dos le pone atención. Le da a todo lo que da hasta que paran un segundo a respirar. En la mesa ya estaba todo servido para cenar.
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