La tipa tiene un poto enorme y lo sabe muy bien. Se sube de espaldas, lo acomoda en la entrada del culo y va bajando despacio hasta sentarse completo, sin prisa.
El che le marca el ritmo desde abajo, agarrándola de la cintura. Ella solo se ocupa de moverlo en círculos, a su tiempo, bajando hasta el fondo y quedándose quieta un segundo. Afuera pasa una moto y nadie le da bola. El celular sigue ahí en el piso grabando material de videos xxx bolivianas con lo que había a mano.
Después de un rato cambian: ella se estira de lado y el otro le sigue, más tranquilo ahora. La sabana ya está marcada de tanto revolcarse.
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